domingo, 13 de diciembre de 2015

Lectura para entretener, relato navideño, terror.


Hola, aqui con otro relato navideño de terror que me encontré en la red, espero les guste.



El regalo, de Vidal Fernández Solano.


Pasos. Amortiguados por la alfombra del salón, pero inconfundibles. Nicolás permaneció despierto unos minutos, tratando de discernir hacia dónde se dirigían, temeroso de escuchar, quizás, cómo subían los peldaños de la escalera y se aproximaban a la puerta de su habitación. Arropado hasta por encima de las narices, con el corazón palpitando con fuerza en su pequeño pecho, esperó. Los pies seguían arrastrándose abajo; al parecer quien fuese no tenía la más mínima intención de avanzar hacia ninguna parte: se había estancado en el salón de la casa aquella noche de 24 de diciembre y había decidido quedarse allí, esperando quién sabe qué. Entonces cayó en la cuenta: David se lo había dicho en la escuela unos días antes y él no había querido creerle. «No existe Papá Noel»,había afirmado su amigo con el aire misterioso del que está en poder de un secreto universal, «son los padres los que dejan los regalos bajo el árbol». Así que se trataba de eso: su padre o su madre, o quizá ambos, eran los que le habían despertado en medio de la noche mientras preparaban su engaño para la mañana siguiente. «Pues esta vez se van a llevar una sorpresa», pensó. «Voy a bajar y a pillarles con las manos en la masa. A ver qué cara ponen cuando su trampa quede al descubierto». Armado de valor, decidido a poner en evidencia a unos padres que falsificaban papanoeles y engañaban a niños inocentes, saltó de la cama y se calzó las zapatillas. Con sumo cuidado se acercó a la puerta y la abrió muy despacio, rezando para que a las bisagras no se les ocurriese chirriar en medio de la noche. No lo hicieron. Más lentamente de lo que su impaciencia le permitía, se obligó a bajar escalón tras escalón, casi sin respirar, hasta que llegó casi abajo. Dio un salto sobre los dos últimos y se plantó en el salón, dispuesto a dar el golpe de gracia. Sin embargo, se quedó con la boca abierta, las palabras se le quedaron en la garganta. Allí, delante de él, junto al árbol de Navidad, un traje rojo refulgía bajo la luz de las farolas que entraba por la ventana. Una silueta alta y regordeta se afanaba, dándole la espalda, sin percatarse de su presencia. Nicolás se acercó y, cuando estaba a poca distancia, la figura se volvió, revelando un rostro rubicundo enmarcado por una larga y poblada barba blanca.
—¡Papá Noel! ¿Eres tú de verdad? 
—Por supuesto ¿quién pensabas que era? 
—Yo… bueno… David dijo que… en fin, David es… 
—Sí, ya lo sé —Papá Noel dejó escapar una risilla—. Yo lo sé todo. Sé quién es David, sé cómo os habéis portado… todo.Nicolás sintió una ligera incomodidad, no le gustó la manera en que Papá Noel había dicho las últimas palabras. Pero la curiosidad se impuso por encima de todo lo demás. —¿Llevas mis regalos en ese saco? —el enorme saco permanecía delante del hombretón, a poca distancia de Nicolás— ¿Me has traído todo lo que pedí?
El niño hizo ademán de acercarse al saco, pero entonces el anciano tiró de él y lo puso fuera de su alcance con un gesto brusco. —Un momento —la voz ya no era tan amable como antes—, ¿has sido bueno? Solo los niños buenos merecen regalos. —Claro, Papá Noel —Nicolás no pudo ocultar su decepción—. Soy bueno.
—¿Seguro? ¿No tienes nada que contarme? Nicolás titubeó un segundo antes de replicar. —Sí, de verdad. Procuro obedecer a mis padres, me porto bien en el colegio… —Ajá —la sonrisa de Papá Noel había desaparecido por completo
—¿y qué me dices de Bolita? —¿Bolita? No sé qué quieres decir, no… —El gato. ¿Qué hiciste con bolita? ¿Acaso no lo atrapaste en el garaje con una trampa para zorros? ¿Y después, con el cuchillo que habías cogido de la cocina? ¿Tampoco me vas a contar que lo enterraste en ese rincón del jardín lleno de trastos y hierbajos?

—¡No fue así! —Nicolás se sintió tan atrapado como el gato. Eso no era lo que se esperaba de Papá Noel, no era así como lo pintaban en la tele— ¡Fue un accidente! Yo no… —¿Un accidente? Entonces, ahora me dirás que lo de la pequeña Elenita también fue un accidente. Tú no pretendías hacerle daño cuando la llevaste al extremo del parque y la empujaste terraplén abajo hasta la carretera ¿verdad? Nicolás estuvo a punto de contestar, pero entonces recordó las palabras: «Yo lo sé todo», había dicho papá Noel. De nada servía mentir en ese momento. —De igual manera, fue un accidente cuando David y tú pusisteis una hoja de afeitar en el bocadillo de Muhammad, ni fue intencionado cuando… 

—¡Basta! ¡Tú no eres Papá Noel! ¡No puede ser, él no es tan malvado, él quiere a los niños! La sonrisa se extendió por el rostro de Papá Noel. Por todo el rostro, de lado a lado. Se arrancó la barba y parte de la piel, para sorpresa de Nicolás. Siguió tirando, despellejandose pedazo a pedazo hasta que solo

quedó un ser inhumano que apestaba a podrido. Las manos se habían convertido en garras huesudas. El traje, que antes se veía relleno, ahora colgaba flácido sobre la figura esquelética y sanguinolenta. Abrió la boca para hablar. Una enorme cucaracha salió por el orificio, pero la perspectiva exterior no debió agradar al bicho y se volvió a meter entre las dos hileras de dientes puntiagudos.
—Puede que tengas razón. Es posible que no sea quien tú esperabas esta noche, pero eso ya no importa. Si lo piensas, no hay mucha diferencia entre Papá Noel y el hombre del saco. Y además, sí que he traído un regalo para ti —la voz silbaba entrecortada y rasposa entre los pingajos que ocupaban el lugar de los labios de la criatura—. Está justo dentro del saco. Ven a verlo, pequeño. Es un regalo a tu medida.
Nicolás iba a gritar cuando una garra se cerró en torno a su garganta, apretando tan fuerte que no podía respirar. El hombre del saco lo levantó en vilo, lo acercó hacía sí mientras el niño se revolvía y pataleaba y su cara se tornaba azulada y luego de un morado oscuro. Entonces la zarpa lo soltó dentro del saco, en la más completa oscuridad. En cuanto tomó aire chilló, pero allí no oía sonido alguno. Tanteó a su alrededor y tocó un bulto peludo y húmedo. Bolita, sin duda. Reculó y chocó contra un cuerpo
algo más pequeño que el cuyo. Palpó un cabello sucio y mojado —de sangre—, no le hizo falta preguntar por la identidad de su dueña. Corrió y gritó, hasta que las fuerzas le abandonaron. 
Un aneurisma, dijeron los médicos. Hay una explicación científica para todo. Es improbable en un niño tan pequeño, pero no imposible.
Los padres de Nicolás le encontraron en su cama el día de Navidad, preocupados porque el pequeño no se levantaba a abrir sus regalos. No tenían forma de saber que había agonizado —solo y abandonado— poco a poco en un lugar muy, muy lejano y frío.




Imagen Google.





Espero que este relato los pudiera entretener  y puedas añadir algún comentario.

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En el cual voy poniendo los libros que voy terminando., así que hasta luego y gracias.






viernes, 11 de diciembre de 2015

lectura para entretener, relato de terror navideño.


Hola, para armonizar con la epoca, aqui un relato navideño,
pero un poco diferente.



BAJO LAS LUCES DEL ÁRBOL de Virginia S.V. Riesco.


La llave del horno concluyó su recorrido justo a tiempo para calentar los panecillos y comenzar a poner la mesa. Luis estaba apoyado de costado sobre la encimera mientras removía con desgana una salsa de arándanos. Su mujer, Claudia, se había puesto un vestido negro a juego con el peso de su alma. Era la primera Navidad que pasaban sin los abuelos.
—Alcánzame los guantes —pidió ella mientras abría la puerta del horno. Luis, que no había levantado la vista del móvil desde que habían empezado a hacer la cena, tanteó sobre la superficie de la mesa y le lanzó dos manoplas de color chocolate. —Podrías hacer algo, para variar —le reprocha ella después de servir el cordero en la fuente.
—No sé qué más queda por hacer: Paula está viendo la tele y la cena ya está lista. Ella le miró de reojo y resopló mientras partía por la mitad las patatas asadas. 
—Anda, ¿por qué no aprovechas que está entretenida y bajas al trastero? Después colocamos sus regalos debajo del árbol. Ya sabes, cuando se acueste -le propuso y le lanzó un beso. Luis asintió y cerró la puerta que separaba la cocina del salón para que la niña no le viera salir. 
—Te hago una perdida al móvil cuando suba para que me abras —dijo intentando disimular una sonrisa de emoción. Le encantaba planificar sorpresas.
Claudia sonrió y le empujó hacia el umbral de la puerta. 
—No te entretengas que vamos a cenar enseguida. 
—Descuida, son solo cuatro cajas de nada. Ella rió. 
—Oye —le llamó cuando ya estaba bajando las escaleras—, ¿a mí qué me has comprado? 
—¡Ah, sorpresa! —contestó levantando las manos en el aire y continuó bajando. Claudia cerró la puerta sin hacer ruido y regresó a la cocina. Paula había entrado y ahora estaba robando una de las magdalenas que habían preparado para el postre.
—¿Qué haces, cielo? Esos dulces son para Santa. 
—Él me ha dicho que coma lo que quiera. No le importa 
—contestó la niña con la boca llena. 
—Deja de picotear y ve a lavarte las manos. 
—¿Dónde está papá?

Claudia se mordió el labio pensativa. 
—Ha bajado a comprar tabaco. Ahora mismo sube. Así que, venga, ¡al baño! —le apremió cerrando después la puerta de la cocina—. Ay, por favor, Luis, que no te vea… —dijo en voz alta para sí misma. En ese momento sintió que el teléfono móvil vibraba dentro de su bolso. Claudia se acercó corriendo y colgó con el corazón latiéndole con fuerza. Ya estaba subiendo. Después frunció el ceño. Le parecía muy extraño que su marido le hubiese hecho una llamada perdida desde un número privado. El teléfono volvió a sonar. Claudia pestañeó y descolgó con la voz temblorosa. 
—¿Sí? —Hola —escuchó que decía al otro lado de la línea una voz varonil en un susurro ahogado.
—¿Quién es? 
—Soy yo —la voz parecía sonar lejana, como si pretendiera forzar su timbre. 
—¿Luis? —No, tesoro, Luis está ocupado. Pero no te preocupes, dentro de poco los tres os encontraréis bajo tierra. 
—¿Quién coño eres? —exclamó ella. No soportaba las bromas telefónicas. 
—Soy el regalo de tu niña. 
—Vete a la mierda, cabrón —gritó—. No vuelvas a llamar.
Colgó. Entonces golpearon la puerta. Ella se acercó el teléfono al corazón y, con miedo, observó a través de la mirilla. Vio unas manos con el reloj de su marido cargando con los regalos. Suspiró y quitó el pestillo. 
—La niña está en el baño —le avisó—. Si los escondes en el mueble del salón no te verá. Yo voy a entretenerla para que no salga. 
—Está bien —contestó dándole un beso—. ¿Te ha pasado algo? Pareces ausente. 
—No, no. Estoy bien. Ya sabes: mis padres —mintió. Luis asintió y desapareció tras la puerta del salón. Claudia apagó el teléfono.
— Buenos días, mi amor —escuchó que le decía su marido al oído. Ella abrió los párpados y se dio la vuelta para mirarle. 
—Luis, solo son las siete de la mañana. ¿Qué haces?
—Quería aprovechar estos minutos para darte parte de tu regalo —dijo acercándose más a ella y mordiéndole el cuello. —Creo que anoche bebimos demasiado —se rió. 
—Es verdad. Nos sienta fatal el alcohol. Un grito infantil corrió atravesando el pasillo, entró en la habitación y saltó sobre la cama. —¡Los regalos, los regalos! ¡Están en el salón! —gritaba Paula entre medias de los dos. 
—Corre, ¡ve a abrirlos! —le apremió Luis mientras Claudia se abrochaba la bata y el camisón.
Paula asintió y se lanzó de nuevo al pasillo. 
—Voy a aprovechar para echarle gasolina al coche y comprar después el desayuno. No tardaré mucho —dijo él entonces. Ella asintió y caminó detrás de su hija mientras Luis se ponía la ropa del día anterior.
Vio a Paula saltar entre los envoltorios que ya había despellejado gritando y mostrándole el nuevo juego de la PlayStation. Claudia se sentó con ella en el sofá sonriendo y Luis salió por la puerta. Mientras ella y la niña montaban la casa de muñecas, Claudia vio por el rabillo del ojo algo que le llamó la atención. Oculto tras las luces del árbol, pudo distinguir la figura de un payaso de casi medio metro de altura que las miraba sonriente. Un escalofrío le recorrió la espalda. No dejaba de pensar en la llamada que había recibido la noche anterior. Frunció el ceño. El payaso portaba una pala. Paula la llamó mientras le enseñaba cómo había dispuesto el salón de juguete, pero Claudia no podía apartar la mirada de esas diminutas gotas de sangre que había descubierto bajo el abeto. 
—Sí, cariño, qué bien —musitó mientras encendía de nuevo su teléfono móvil.
—¿Sí? —escuchó que decía Luis al otro lado.
—Cariño, ¿tú le has comprado a la niña un juguete de un payaso? —¿Yo? Qué va, ¿por qué? —Porque hay uno bajo las luces del árbol.



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Lectura para entretener. Lolita.


Hola, ahora les compartiré una Lolita, de antes de la de Nabokov.


Lolita, de Heinz Von Lichberg .
Supuestamente esta fue la novela que plagio Nabokov para su Lolita, pero para empezar este es un bonito relato gótico de aproximadamente 30 páginas, y lo que los une es la obsesión del protagonista masculino por una adolescente y el nombre de la protagonista.
No es una obra magnífica, pero si es un relato interesante.
A continuación algunos fragmentos de el libro.


  • ...tenía los ojos oscuros de las mujeres del sur y el cabello de un inusitado tono cobrizo. Su cuerpo era delgado y ágil como el de un muchacho, su voz llena y profunda
  • ...los días se habían convertido en semanas y yo empezaba a ser consciente de que había llegado el momento de partir., no porque me reclamara obligación alguna, sino porque el amor excesivo y peligroso de Lolita empezaba a infundirme terror.
  • ...pero no fue solo su belleza lo que me cautivo, sino el halo de misterio que emanaba, sobrecogedor como un enigma en las noches de luna.
  • ...contó que Lola había sido en su época la mujer mas hermosa de la ciudad., tanto que llevaba a la muerte a los hombres que la amaban. Hasta que, poco después de dar a luz a su hija, dos de sus amantes que ella martirizaba hasta la locura acabaron con su vida.
  • ...desde entonces pesa una maldición sobre la familia., las mujeres tienen una hija e, invariablemente, semanas después del parto sucumben a la locura. Pero todas ellas son hermosas, ¡tan hermosas como Lolita!
  • ...cuando por la tarde entre en mi habitacion encontre sobre la almohada una florecilla roja de una especie para mi desconocida.
  • ...entonces me di cuenta de que en realidad era blanca, teñida por la sangre de Lolita (pero de donde provenía esa sangre).












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jueves, 10 de diciembre de 2015

lectura para entretener, leyenda de México.


Hola, aqui les traigo otra leyenda indígena de México, espero la disfruten.




La leyenda del sol y la luna.

Un dia despues de que los dioses crearon al mundo, los dioses se juntaron y se preguntaron:
-¿Quien le dará luz al mundo durante el dia?
El dios más arrogante y presumido, Tecuciztécatl, contestó:
-Yo le daré luz al mundo.
Y los otros dioses se preguntaron:
-¿Y quien iluminara la tierra durante la noche?- se observaban unos a otros, y nadie se ofrecía para el puesto.
-Otro dios dijo:
Sé tú Nanahuatzin, quien era un dios callado, humilde y feo, y entonces el acepto.
Después los dos dioses comenzaron a hacer penitencia para llegar puros. Después de cuatro noches, los dioses se juntaron alrededor del fuego.
Iban a observar el sacrificio de Tecuciztécatl y Nanahuatzin y entonces dijeron:
-¡Anda pues, Tecuciztécatl! ¿Entra tú primero al fuego! y El intento meterse, pero no pudo por que le dio miedo, lo intentó cuatro veces más y no pudo.
Despues los demas dioses dijeron:
-¿Entonces entra Nanahuatzin! ¿Intenta tú! - Y Nanahuatzin, cerró los ojos y se aventó al fuego.
Viendo Tecuciztécatl que Nanahuatzin se arrojó al fuego, le dio vergüenza de que el no hubiera podido y se metió al fuego también.
Luego los dioses miraron al cielo y dijeron:
- ahí está Nanahuatzin hecho Sol.
Ninguno lo podía mirar por que era muy brillante.
Después apareció Tecuciztécatl hecho luna.
Aparecieron en el mismo orden que entraron al fuego.
Desde ese momento hay sol y luna.









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Lectura para entretener, leyenda azteca.



Hola, aqui les comparto una leyenda azteca de cómo surgieron los escorpiones.



Cuentan las leyendas aztecas que existió un hombre que estaba obsesionado por ser el favorito de los dioses, día y noche les rezaba, llegó un día donde él pensó que su familia se interponía en sus deseos y decidió huir al bosque para rezar tranquilamente desde ahí.
Después de algún tiempo los dioses se sorprendieron al ver que el hombre rezaba día y noche solo en el bosque, rápidamente decidieron probar su fe, el hombre había dicho que no saldría del bosque, que permanecería en ese lugar rezando por bastante tiempo, los dioses intentaron hacerlo salir del bosque para probar que no era realmente fiel pero ninguno pudo, en ese momento la diosa más hermosa de todas apareció fuera del bosque y comenzó a llamar al hombre, esté quedo sorprendido de su belleza, ella le dijo que lo recompensaría por sus rezos, entonces el hombre salió rompiendo su promesa, y al hacerlo ella le cortó la cabeza como castigo y su cuerpo fue transformado en escorpión.
Es así como se dice que nacieron los escorpiones.




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Lectura para entretener, leyendas de mi ciudad.


Hola, aqui con otra leyenda de mi Ciudad, en Chihuahua México,
espero la disfruten.



La Enfermera Fantasma.

La enfermera fantasma vaga por un hospital en Chihuahua, el cual fue fundado en 1884 cuando Porfirio Díaz era el Presidente de la República Mexicana.
Cuentan que por los pasillos de este hospital vaga el alma de una enfermera que falleció hace muchos años.
Una de las anécdotas contadas es el de una pareja que tenía a su hijo internado en el hospital y no tenían donde quedarse a dormir a causa de su extrema pobreza y dicen que se les acercó una mujer vestida de blanco y les dijo que los iba a llevar a un lugar del hospital para que pudieran dormir y al despertar y preguntarle a los médicos por la amable enfermera, ninguno supo decir de quién se trataba y es así como nace la leyenda de la enfermera amable., como esta, aun hoy se encuentran muchas anécdotas por el estilo.
Las personas a veces se apegan a los sitios en los que alguna vez laboraron, y después de su muerte se rehúsan abandonarlos, como es el caso de nuestra enfermera amable., a las nuevas enfermeras les da miedo que se les aparezca, pero ella solo busca ayudarles administrando medicamentos o haciendoles compañia a los pacientes.
Por esta causa su alma o esencia permanece en el hospital, ya que ahí fue donde se entregó en cuerpo y alma en tratar de ayudar a sus pacientes.






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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Lectura para entretener, fragmentos.


Hola, aqui con algo de W. Somerset Maugham.


Soberbia

Eran hermanos. Uno era pintor y el otro médico. El pintor estaba convencido de que era un genio. Era arrogante, irascible y vano, y despreciaba a su hermano por filisteo y sentimental. Pero no ganaba prácticamente nada y se hubiera muerto de hambre si no hubiese sido por el dinero que su hermano le daba. Lo más extraño era que, bajo aquel aspecto tosco y de modales de hombre malhumorado, pintaba cuadros muy bonitos. De vez en cuando conseguía hacer una exposición y siempre vendía un par de telas. Pero nunca una más. Al fin el médico acabó convenciéndose de que su hermano no tenía nada de genial, sino que era un pintor de segundo orden.
Después de todos los sacrificios que había hecho, era esté un golpe duro. Se guardó su descubrimiento para el. Después murió, dejándole a su hermano cuanto poseía. El pintor encontró en casa de su hermano todos los cuadros que había vendido a desconocidos clientes durante veinticinco años. Al principio no pudo entenderlo. Después de reflexionar encontró una explicación: su astuto hermano había querido hacer una buena inversión de dinero.



Maugham fotografiado por Carl Van Vechten




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